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lunes, 26 de diciembre de 2011

¿MONÁRQUICO O REPUBLICANO...?

Después de ver la cara de preocupación de Juan Carlos I y oír su discurso sobre la igualdad de la ley -Dura lex, sed lex - para todos los españoles -que no siempre fue así - me vino a la memoria esta historia.  Quizás os pueda servir para tener conceptos claros sobre este tema.

Mi mejor deseo para que podáis aguantar el "vendaval económico" que nos espera en 2012.


Carlos II  El Hechizado


Recuerdo el día que entré por primera vez a dar clases en un Colegio de Discapacitados Psíquicos. Un error administrativo me puso en la tesitura del plato de lentejas. Las tomé. Como ya había empezado el curso me dieron el grupo que no había querido ningún otro profesor: el de los niños oligofrénicos profundos.

Por aquel entonces estaba leyendo la biografía de Carlos II El Hechizado, del historiador John Lynch: "Carlos II fue la última, la más degenerada y la más patética víctima de la endogamia de los Austrias. A los cuatro años sucedió a su padre Felipe IV, el 17 de septiembre de 1665, y era un niño enfermizo, retardado en su desarrollo por el raquitismo y retrasado mental... descendiente de Juana La Loca por sus ocho bisabuelos."


El primer día de clase, cuando me acerqué a acariciar la cabeza de una de aquellas criaturas desvalidas, se cubrió con sus manos, esperando recibir un cachete. Sentí una profunda tristeza ¿sufriría malos tratos en su casa?  Se lo comenté al cuidador, que en ese momento entraba en el aula con una bolsa en la mano que desprendía un fuerte olor a orina. No me contestó.

 Oye, esta es la ropa de recambio de Sergio, cuando se haga sus necesidades encima, tocas el timbre para avisarme.



Y ahora ¿qué hago? ¿qué enseño? Experimenta me había dicho la directora cuando supo que no tenía habilitación en Educación Especial. Veamos. Recapacita... ¡ya sé! Voy a educar a estos niños empleando los mismos métodos pedagógicos que se utilizaron con este Rey de las Españas. Me apliqué en la lectura de su historia, buscando soluciones para mi problema.


"Es impresionante conocer la descendencia legítima de Felipe IV. De su primer matrimonio con Isabel de Borbón nacieron: Carlos Baltasar; Margarita María; Margarita María Catalina; María; María Antonieta -que murieron todos en su infancia -y María Teresa, que casó con LUIS XIV de Francia.

Con su segunda esposa, prima carnal, María Ana de Austria tuvo a: María Ambrosia; Felipe Próspero; Fernando Tomás -también fallecidos -y Carlos II, Rey por la gracia de Dios. Se le reconocen históricamente 43 hijos bastardos con otras muchas mujeres, aunque se supone que hubo más.

A Doña María Engracia de Toledo, Marquesa de Vélez, se la designó como aya del príncipe. Le proporcionó hasta catorce amas de cría. No tuvo más remedio que destetarle a los cuatro años, porque ya causaba profundas heridas en los pezones, con sus mordiscos. Doña María, astutamente, dio orden a sus meninas para que, cuando presentaran al niño en público, lo sostuvieran con unos tirantes atados a las axilas y a la cintura, disimulados entre la ropa. Con nueve años no sabía escribir ni leer.
Calabacillas
Sólo le gustaba una cosa: jugar sentado entre almohadones con los enanos y bufones de la Corte, inmortalizados por Velázquez: "El Niño de Vallecas", oligofrénico afectado de parálisis facial; "Calabacillas", así apodado por su "hueca" cabeza; Pablo de Valladolid "Pablito" el más humano de todos ellos.


Distraían al pequeño rey con sus gesticulaciones, anormalidades y balbuceos: las únicas que entendía."

Me puse en la cabeza un gorro multicolor, repleto de cascabeles tintineantes; compré pelotas de malabarista; jabón líquido con olor a fresa; pequeñas trompetas, timbales, platillos y panderetas; juegos de magia y una nariz de payaso...  Había nacido un nuevo bufón: Picatoste.



Acabé el curso y me despedí para siempre de aquellos alumnos tan especiales. Jamás he recibido tantos besos y abrazos. Cuando me marchaba del Colegio, tenía ganas de llorar y de reír al mismo tiempo. 


Me dirigí hacia la Plaza Mayor de Alcalá de Henares. Al cruzarla, se me acercó un engominado sujeto micrófono en mano. Estábamos en año de elecciones.


 Oye, perdona ¿te puedo hacer una pregunta? 

― Dispara.

 ¿Eres monárquico o republicano? 

Se quedó perplejo cuando, sin contestarle, le regalé el libro del Hechizado, y seguí mi camino.



MARCUAN. Copyrigth. 25/11/2011.













sábado, 3 de diciembre de 2011

LA MÁS FEA DE LA CLASE.

¿Sabéis una cosa? Nunca es tarde para aprender. Lo estoy comprobando en este último tercio de mi vida. Estoy aprendiendo a escribir. Ya no hago palotes, ahora hago relatos. Y mi nueva profesora, al igual que la primera en mi niñez, guía mi mano con infinita paciencia. El resultado es el que vais a conocer todos vosotros ¿por qué guardarlo en un cajón, escondiéndolo? 

Ojalá pueda alegraros o conmoveros. Quizás pueda daros pistas para tomar una buena decisión, pero mi deseo es de que os divirtáis mucho leyéndolas. De que paséis un buen rato. 

Gracias a mis queridos amigos y familiares a los que he pedido su opinión y, quizás, he robado su precioso tiempo que dedican a cosas más importantes. A casi todos les gustan mis historias y, por ello, me he decidido a publicarlas en este blog. Así dejaré de enviárselas personalmente.

Voy a empezar por la última que he escrito, porque toda mi vida me he sentido culpable por actuar realmente como lo cuento: las personas debemos reconocer nuestros errores para no volver a cometerlos. En mi caso, como educador, me he referido a esta historia  durante todos los  cursos, cuando estaba activo, para enseñar a mis alumnos respeto a  cualquier persona, tenga el aspecto que tenga. 



 
El maldito autobús se averió subiendo la empinada cuesta de San Juan, a la altura de la fuente del Piojo. Por su culpa llegué tarde esa mañana a la clase de Sociología, mi asignatura preferida, en la Escuela Normal de Magisterio.

En mi fuero interno me consideraba superior a mis compañeros porque venía "rebotado" de la Universidad Laboral de La Coruña. El curso anterior estaba matriculado en Náuticas ya que había querido ser capitán de un barco mercante y no pude aprobar ni una sola asignatura: las matemáticas me resultaron insuperables. Adiós al flamante uniforme blanco con botones y charreteras doradas, adiós a un sueño de adolescente.

Doña Amparo, una profesora de mediana edad, risueña, todavía exuberante, me permitió entrar. Sabía que me encantaban sus clases magistrales. En su especialidad sacaba las mejores notas, por lo que me odiaba -a muerte- la más empollona de mis compañeras.

Nos sentábamos en pupitres de a dos. Y sólo quedaba un sitio libre, el que ocupaba Rosario, al fondo del aula, la chica que mi pandilla había elegido como la más fea de  todas. Tuve que sentarme a su lado, observando las burlas silenciosas y disimuladas que me dirigían mis amigos ¡maldita sea!

A Rosario ni siquiera la miré. Me coloqué en la mesa dándole la espalda, como un estúpido y soberbio niño engreído y maleducado. Imperdonable. Empecé a coger apuntes inmediatamente. Y de pronto, el bolígrafo empezó a fallar, hasta quedarse seco. Maldije entre dientes.

Toma Marco, tengo un bolígrafo de repuesto dijo en voz baja Rosario. Se lo cogí de un manotazo, sin darle siquiera las gracias. Acabó la clase y no me quedó más remedio que devolvérselo.

Espera un poco, copia los apuntes que te perdiste al llegar tarde ¿te ha ocurrido algo grave? tenía una voz aterciopelada, angelical. Empecé a fijarme en ella.

Rosario llevaba su pelo recogido con horquillas baratas. Sus anticuadas gafas de gruesos cristales, apenas dejaban adivinar los ojos. Una verruga pilosa, oscura, le afeaba un lateral de la cara. Tenía un rostro redondo y algo pálido. Vestía pobremente. Nos quedamos hablando cerca de una hora.

Rosario había nacido en un pueblo de la sierra pobre segoviana. Huérfana de padre y madre a los siete años. Estudiaba gracias a una beca -insuficiente- que tenía que complementar haciendo todo tipo de trabajos domésticos en la residencia propiedad de las monjas. Allí vivían casi todas sus compañeras de estudios.

Entré en el bar sabiendo la rechifla que me esperaba. Mis amigos estaban allí, todos, esperándome ansiosos. Cuando me vieron armaron un gran escándalo, entonando con sus vozarrones la marcha nupcial. Se fueron calmando hasta que por fin pude hablar. Me escucharon con expectación.

¿Sabéis lo que os digo? Pues que a mí, Rosario, ya no me parece tan fea, aunque reconozco que Julia la supera. 

Julia, cuando mirabas su rostro pecoso, daban ganas de comérselo de un solo mordisco. ¡Uf! Hija única de médicos. Inalcanzable. 

Una soleada mañana de Junio recibí en mi casa una carta certificada: CELEBRACIÓN DEL 25 ANIVERSARIO DE LA PROMOCIÓN 1972 DE LA ESCUELA DE MAGISTERIO DE SEGOVIA.

Acudimos todos, excepto los estudiantes y profesores que habían muerto. Llegué tarde, en el mismo momento en el que iban a hacer la fotografía a todo el grupo, junto a la Escuela. Entré a toda pastilla subido en una Yamaha 1.200 FJ; una moto tan grande que parecía que la pilotaba un joven muñeco airganboy. Me puse tan nervioso que subí por las escaleras de la plazoleta y casi atropello al fotógrafo. Mis viejos amigos se partían de risa.

Entramos en el restaurante y nos fuimos colocando para comer. A mi lado quedaba una silla vacía. Se acercó una desconocida y se sentó en ella. Al instante me vi envuelto por un tenue y agradable olor a rosas frescas. Aquella mujer de cabello moreno y rostro redondo, limpio, con un cuerpo atlético y grácil, vestía una ropa sencilla, elegante, y muy conjuntada. Apenas llevaba joyas e irradiaba seguridad en sí misma. Me sentí en el cielo junto a un ángel.

¿Marco, no me reconoces? dijo mirándome con sus ojazos negros, inteligentes, burlones, mientras sonreía... No contesté. Mi cara de pasmado hablaba por los dos. Entonces, abrió su bolso de marca y extrajo un bolígrafo plateado, pulido, de metal reluciente, y me lo entregó.

 Toma, éste no te lo presto, te lo regalo para que no vuelvas a olvidarte de mí.

Era Rosario. Hablamos otra vez durante mucho tiempo. En ese mismo momento ocupaba el puesto de Alcaldesa del pueblo más grande y próspero de la provincia, además de haber sido elegida Presidenta de la Diputación Provincial, por unanimidad. La primera mujer en la historia de España que lo conseguía. Su matrimonio con un terrateniente era todo un éxito, como demostraban las fotos de su pareja y de sus tres hijos.

 ¡Qué tonto eras, Marco! dijo al despedirse, dándome un beso.

 Adiós Rosario, me has dado la lección de mi vida. Te prometo que se la contaré a todos los alumnos que tenga.

Siempre he cumplido esa promesa.

Tampoco reconocí a Julia. Se había casado antes de terminar los estudios con el Conejo, un heroinómano que acabó arrastrándola a los infiernos.

¡Qué tonto eras, Marco! oigo en mi cabeza de vez en cuando, al ir esquivando el tráfico de Madrid, subido en una MP3 500 LT Sport, tan grande, que parece que la pilota un  viejo muñeco airganboy...

Marcuan.