miércoles, 6 de mayo de 2026

CUARENTUNO

 

En recuerdo de todos los trovadores y juglares que hubo, hay y habrá hasta el final de los tiempos...




Michel: In Memoriam

El tiempo se llevó mi juventud sin dejar el recibo. Lógico: un ladrón no factura, no devuelve lo que roba ¡Qué va! El tiempo es como Hacienda: lo que coge no lo suelta. Pero si a los setenta y cinco años te vas a vivir a Cádiz y te haces cuarentuno, descubres tres cosas:

1.- La segunda juventud no está en la crema antiarrugas: está en la capa de tuno.

2.- Empezar de nuevo no es de jóvenes: es de tipos valientes que ya no tienen nada que perder.

3.- Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibánez Cevallos tenía razón: “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”. Pues yo ofrezco rondas, canciones románticas, amores y no morirme todavía. Y esta vez cumplo.

Sí, el tiempo me quitó la juventud. Sin albarán. De paso también se llevó mi melena ye-yé, la tripa plana y la fe del carbonero de que casarse a los veintisiete años era para siempre. Casi cuarenta después, un Notario certificó mi divorcio de mutuo acuerdo, me devolvió la libertad y la calle para correr: El chalet y el coche para ella.

Yo me quedé cantando la canción de tuna la “Ronda del silbidito”, que dice:

 

Muerto de hambre y sin cenar

Y tiritando de frío

Estoy pasando y pasando

Sólo por hacer yo

 Pío pío pío pa pío pa parabarabá.


Y aquí se acaba la historia

De aquellos amores míos

Ella se marchó con otro

Y yo me quedé haciendo

Pío pío pío pa pío pa parabarabá.

 

Buen trato.

Cádiz.

Llegué a Cádiz encima de una moto*, porque en esta ciudad bañada por el Mar del Sur, donde acaba Europa y empieza la desesperación, el que llega tarde a la vida no desentona.

Primeros meses, mucha playa y oficio nuevo: contador de goteras y de recuerdos.

Hasta que un jueves, en la playa de Santa María, con el jersey beige que me hace parecer un profesor jubilado, me entró la risa. Risa de viejo, de las que duelen en la barriga y te curan el alma.

Allí tirado en su arena, bajo un sol africano, descubrí que el Mar del Sur no devuelve lo que se lleva, pero Cádiz, que es más lista que la mar, te lo cambia por algo mejor. Y con intereses.

Esa noche mi destino me llevó a pasear por la calle Plocia y darme de bruces con el restaurante El Algibe. Resulta que en Cádiz había una Cuarentuna y allí estaban cantando a la luna lunera cascabelera tunos pasados de fecha de caducidad, como el yogur, pero que aún fermentan…

“Señora, donde hay música no puede haber cosa mala… la música siempre es indicio de regocijos y de fiestas”, decía Sancho Panza a la Duquesa, en la inmortal novela del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (Capítulo XXXIV de su segunda parte).


Sancho Panza.

Me presenté como antiguo tuno. Me miraron el pelo y la barba blancos y asintieron: “Tú vales por dos: das experiencia y canas para la foto”. Me dijeron que volviera con una capa y traje de época, una guitarra y un mote. De Marco y Antonio sale “Marcuan” y con Marcuan me quedé, no antes de que con su guasa gaditana me amenazaran con otros motes terroríficos.

Y el Mar del Sur, que es un cabrón con memoria, empezó a devolverme. Pero no lo mío: lo que nunca tuve.

Me trajo a Carmen, profesora de guitarra, y a una Concha veinte años más joven, que me enseñó que a mi edad las mariposas no vuelan: hacen botellón en el estómago y bailan habaneras gaditanas. Pero como decía Quevedo: “Más vale llegar tarde que mal acompañado”. Y yo llegué tarde a todo, menos a ellas.

También me trajo la paz, que es el lujo que no cotiza en bolsa ni se vende en las farmacias. La paz de dormir sin discutir con fantasmas. Me perdoné los casi cuarenta años. Al fin y al cabo, hasta el mejor escribano echaba borrones.

Y a más a más me trajo amigos, risas y una cuadrilla: Colin, Pedro y Martín. Cuando soplé las velas de la tarta que me trajeron en mi último cumpleaños, pedí un deseo quevedesco: “Que el año que viene siga desafinando” para que Concha siga templando mi guitarra y mi vida.

Ahora voy por las calles cantando Clavelitos y las muchachas se ríen, no de mí: conmigo. Que es muy distinto.

Y yo, que ya no tengo nada que perder, lo apuesto todo a esta última ronda.

¡Voto a bríos y por los cuernos del buey de San Lucas!

¡Aúpa Cuarentuna!  



MARCUAN.30/05/2026


* Ver LA CHICA DEL CABELLO DE FUEGO en: marcuan.blogspot.com


1 comentario: