domingo, 23 de marzo de 2025

DON MANOLITO - III

 

Termina la aventura cubana de nuestro ficticio protagonista indiano.


Mujer cubana


Antonio: el sepulturero de Cádiz y Fidel: el forense del F.B.I. se hicieron muy amigos. Todas las tardes, al anochecer, se veían en la calle Plocia para beber cervezas y comer tapas.

Junto a ellos, los Cuarentunos de la Universidad de Cádiz, cantaban una habanera* mientras los congéneres de Juan Salvador Gaviota** graznaban en derredor, peleando por los restos de comida que les echaban.


...Que tengo un amor en La Habana, y el otro en Andalucía,

No te he visto yo a ti, tierra mía,

Más cerca que la mañana que apareció en mi ventana

De la Habana colonial, “tó” Cádiz, la Catedral, La Viña y El Mentidero…

Y verán que no exagero si al cantar la habanera repito:

¡La Habana es Cádiz con más negritos!

¡Cádiz es La Habana con más salero!

Todos los trovadores y clientes del restaurante El Algibe levantaron y chocaron sus jarras, entre risas y deseos mutuos de salud… 

─ ¡Esta ronda la pago yo! ─dijo el cubano. ¿Tú conoces a un tal don Manolito?  ─ le preguntó de sopetón a Antonio.

─ ¿El indiano? ─contestó. ─Claro que lo conozco: en vida y en muerte. Lo enterré ayer mismo.

Un latigazo restalló en el rostro de Fidel, torciendo la comisura de sus labios. Antonio se asustó al ver aquellos ojos azules de “caminante blanco”.

─ ¡Joder “quillo” ─exclamó Antonio. ─¡Te pareces al Jefe del Ejército de los Muertos de Juego de Tronos!


Juego de Tronos


─Te voy a pedir un favor de auténtico amigo, Antonio. Nadie deberá saberlo. Esta noche te vienes conmigo y me dices dónde está la tumba de don Manolito.

Lupita agonizaba en la última planta del Mount Sinai Medical Center, en el 4300 Alton Rd de Miami Beach, mientras una música celestial flotaba en el aire, bailando entre luces de color melocotón. La habitación del lujoso hospital era sobria.

El hijo se acercó a su madre, cogiéndola de la mano con ternura. Lupita pudo fijarse y leer el grabado en la pulsera de oro bruñido, que llevaba su querido “niño” en la muñeca.

─ Don Manolito… ─dijo con un hilo de voz.

Lupe cerró los ojos, y expiró dulcemente en los brazos de Fidel Fernández.

 

                                                          MARCUAN ©. 21 de Marzo. Solsticio de Primavera.

 

 

P.D.- Este relato se lo dedico a mi querida amiga Lourdes, que lucha con valentía contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica; y a su hijo hispanocubano Fidel, que algún día será un gran escritor.

* Canción: "Habaneras de Cádiz" de Carlos Cano (q.e.p.d.)

**Ver relato: "Un camino del que no se puede salir" en marcuan.blospot.com


 

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