martes, 3 de enero de 2017

GÜISQUI Y VODKA PARA TARIK

Un cuento de Navidad negro, pero aquí está, fiel a su cita anual, pase lo que pase, hasta que el cuerpo aguante.

A mis lectores, si aún me quedan, les deseo lo mejor y más bonito en el Nuevo Año 2017. 

Yo sólo quiero que las musas me concedan suficiente inspiración, para seguir haciéndoos soñar y reír con mis relatos . Que os divirtáis.






           

                                   I

― Los espías somos sus ojos, sin nosotros el ejército es un cíclope ciego… Agente Peláez, es una misión peligrosa. Tenga mucho cuidado. Encuentre a esa rata y tráigala: viva o muerta. Suerte.

― A sus órdenes, mi coronel.

Al expolicía Alberto Peláez se le iba a aplicar una severa condena por matar a un hombre, de forma accidental, al salir en defensa de un burrito maltratado*. 

El fiscal le ofreció la posibilidad del indulto por un trato: hacerse agente del Centro Nacional de Inteligencia Español en Marruecos. Aceptó. 

La misión que le acababan de asignar, era la de localizar el paradero de un yihadista de origen inglés, llamado Abu Mohamed al Adnani; discípulo de Zakaria Said Mohamed; exmilitar español renegado, experto en bombas y odio.


“Si no eres capaz de encontrar una bala o un 

 explosivo, entonces selecciona al impío americano, 

francés o a cualquiera de sus aliados. Golpéale la 

cabeza con una roca, asesínale con un cuchillo, 

pásale por encima con el coche, tírale desde un lugar 

muy alto, estrangúlale o envenénale”


― ¡Maldita sea mi suerte! ―masculló Peláez.

Las Navidades pasadas se había enamorado de Mara, su compañera de Comisaría en Cádiz. No pudo ser.  Mara mantenía a un amigo y antigua pareja , un parado profesional, por pena. No pudo soportarlo. 

Limpió su pistola Glock despacio, con el mismo mimo y ternura como cuando acariciaba los rizos de terciopelo dorado de la gaditana.



                                    II




VISITA MARRUECOS FANTÁSTICO EN MOTO PROPIA 

O DE ALQUILER.

Alonso Reques de Guilarte leyó el panfleto en una gasolinera, interesado.

MP3 500 LT Sport
La suya, por mucho que le gustase, no dejaba de ser un triciclo de 500 c.c. con sólo acelerador y freno.

Dudó. 

Hacer una ruta junto a BMW de 1.200 c.c. preparadas para correr miles de km.; atravesar las montañas del Atlas y llegar a las puertas del desierto del Sáhara, era suicida.


Foto Marcuan(C)

Llamó por teléfono a Peláez, su viejo amigo. Sabía de su traslado a Marruecos.


― Vente a verme Alonso ―le animó Peláez  ―tú siempre fuiste un temerario. 

― Es mucha pasta y poca la caballería mecánica que 
llevo ―contestó Alonso.

― Pues compra güisqui y vodka para Tarik ―dijo 
Peláez.

― ¿Quién es ese? ¿No querrá invadirnos otra vez junto con Muza? ―rio Alonso.

― No... Es mi confidente marroquí. Quiere conseguir un pasaporte para irse a vivir a España. Le gusta beber. Te dirá dónde vender las botellas en el mercado negro de Marrakech y así te pagas el viaje.


Mercado de Marraquech. Foto Marcuan(C)

― Pero mi moto no aguantará…

― ¡Tú moto! ¡Tienes a tus amigos moteros 
hasta las narices de Trici! ¡Que si no se cae, que si te pones de pie en parado, que corre como un 
galgo…! ¡Anda ya, que le den a tu moto!

―  ¡Por los cuernos del buey de San 
Lucas! ¡Voy!―dijo Alonso enfadado ― Mándame a Tarik al puerto de Tánger...


                                    III



Sima Benasayag no era una mujer alta, circunstancia que no le impedía deslumbrar. Judía sefardí, parecía hija de Astarot. Su busto, imponente, atraía como un imán todas las miradas masculinas que se le cruzaban.

― Son bienes gananciales, señor.

― ¿Qué? ―farfulló su superior apartando la vista del escote...

― Mis pechos, eso es lo que dice mi marido ―dijo Sima sonriendo divertida.

― Vayamos al grano agente. El Mosad tiene información de que un tal Tarik va a viajar desde Tánger, encima de un cacharro de tres ruedas, con el amigo de un espía español llamado Peláez.

― ¿Cómo ha dicho que se llaman? ―preguntó Sima.

― Tarik y Alberto Peláez ―contestó el jefe.

― No. El cacharro de tres ruedas y el jinete del 
asfalto que lo monta.

― ¡Ah! Es una motocicleta Piaggio MP3 500 LT Sport. Su conductor, un tal Alonso Reques de Guilarte, la ha personalizado llamándola Trici. La trata como a la niña de sus ojos.

― Bonito nombre de caballero andante, pero Trici no es una motocicleta: es un triciclo...

― Bien. Su misión es conseguir la información que 
tiene Tarik, confidente del espía español y agente 
doble, sobre el escondite de Abu. No hace falta 
que le prevenga del peligro que va a correr. Va usted sola.

― Bueno no se preocupe jefe, iremos yo y mis bienes gananciales  ―dijo Sima Benasayag, guiñándole un ojo.

Mientras se encaminaba hacia su todo terreno, palpó 
su pistola MicroUZI, pequeña y letal como la picadura de un áspid, que siempre llevaba escondida entre sus exuberantes senos.


                                                        IV                    



                   


― Parecemos los tres mosqueteros** ―dijo Vicent, un médico mallorquín de mirada bondadosa, alto y enjuto.

Alonso, Vicent y Agustín se conocieron en las tripas del ferry Algeciras-Tánger, mientras sujetaban sus motos con fuertes cinchas al casco de acero. Simpatizaron de inmediato. 


― Un cirujano de Mallorca, un empresario de Valencia y un maestro de escuela de Segovia al servicio de la reina de África. Va lista si tenemos que recuperar sus doce herretes de diamantes** ―dijo Alonso bromeando.


― Venga, che ―dijo Agustín, nervudo y de ojos negros y vivos como los de sus ancestros fenicios  ―seamos serios, nos falta D’Artagnan.

― Pues nos está esperando en Tánger, majo, pero no es gascón; es un moro ―dijo riendo el segoviano.

― ¿Tú eres maricón? ―preguntó Alonso a Tarik, 
cuando éste se presentó en la aduana de Marruecos.


Tarik enrojeció. Chapurreaba el español lo suficiente 
para entender el significado. No le gustó y llevó su 
mano, más rápida que un tiro, a la altura de la 
cadera, donde la esperaba una daga afilada como un escalpelo.

― Vale, vale tío, no te mosquees ―dijo Alonso 
―escucha. Tú eres hombre, yo 
también; machotes los dos, pero cuando subas 
conmigo en la moto, tu pecho y mi espalda se 
funden en uno. ¿Lo entiendes? Abrázate a mí con todas tus fuerzas. Mis compañeros llevan motos muy potentes y tengo que seguirles ¿O.K.?


― O.K. ―dijo Tarik.


Agustín se acercó al oído de su nuevo amigo.

― Cuidado Alonso con lo que dices, no te pongas ni nos pongas en peligro ―susurró.


Vicent había visto relucir la navaja y se lo había 

advertido a Agustín.  


― Vamos mosqueteros, en marcha,  la reina de 

África espera que recuperemos sus diamantes de 

sangre ―dijo el balear, mientras hacía 
rugir entre sus largas piernas a “Flecha Blanca”: su nueva BMW R1200R.

BMW R1200R. Foto Marcuan(C)


Agustín se subió en "Bala Plateada"; una BMW 

1200 GS metalizada, más brillante que Apolo y salió 

detrás de Vicent como un obús.


― Andando “Trici” ―suspiró Alonso, mientras su moto seguía, con más pena que gloria, la estela de sus hermanas mayores.


Polvo, sudor y hierro... Vicent, Agustín y Alonso, cabalgaban hacia lo desconocido.


                                   V


Desierto de Sahara. Foto Marcuan(C)



Tarik levantaba la mano cuando era la hora del rezo musulmán y paraban en las gasolineras, donde había mezquitas, cuya entrada estaba prohibida a los infieles.


― Ven conmigo ―dijo Tarik, apartando a Alonso del 
grupo, en una parada.


― Oye, que yo respeto todas las religiones, pero soy 
agnóstico y…


― Mira, sé que llevas güisqui y vodka para venderlo 
en el mercado negro. Si me das las botellas ahora, te doy la dirección de Al Adnani ―dijo Tarik muy serio.

― ¿Y ese tío quién es? ―contestó Alonso, algo 
asustado.


― Un amigo mío muy importante; si vais a verlo de 
mi parte, os recibirá como en los Cuentos de las Mil 
Una Noches…

¿Tiene harem? ―bromeó Alonso.


Odalisca
― Sí, lleno de odaliscas ―contestó Tarik, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa ladina.


― Bueno, iremos a comprobarlo. Toma, las llevo en esta mochila ―dijo Alonso entregándole una botella de Miskaya Kristall, un vodka bielorruso y otra de un güisqui japonés: el Yamazaki 18.


Tarik las manoseó con sus mugrientas manos, 
mientras las miraba con deseo.

― ¿Un güisqui japonés?

― Pruébalo macho, sabe a cerezas, le gustará a Scheherezade*** ―contestó risueño Alonso, dándose la vuelta en busca de su moto.

La torva mirada de Tarik, negra como el veneno de una cobra, se pegó a la nuca de Alonso.



                                  VI



Ifrane
― Hola amigos, os presento a mi amiga Sima Benasayag  ¿Dónde está Tarik? ―preguntó confuso Peláez, mientras las miradas de los 
tres hombres se deslizaban entre los botones de la camisa caqui de Sima.


― Ni idea ―dijo Alonso ―se fue a ver a un 
pariente en Ifrane. Le regalé el vodka y el güisqui. 
Es muy simpático, nos recomendó que fuéramos a visitar a un amigo suyo.


― ¿Ifrane? Allí los pueblos parecen más propios de 

Suiza que de África, hasta puede haber nieve… 

―dijo, recelosa, la israelita.


Su ondulada cabellera negra se volvió para cruzar una mirada de preocupación con Peláez. Todos se fueron a cenar el plato típico del pueblo: tajín.



Tajín


Alonso entró en su habitación, muerto de 

cansancio, encendió la luz y puso en funcionamiento 

el ventilador del techo. Se quedó boquiabierto: un 

sujetador de copa C bailaba al son de las aspas, 

escupiendo a los cuatro puntos cardinales un 

aroma embriagador. 


Desde detrás de una columna de mármol jaspeado, 
aparecieron brazos, cabeza, torso, caderas y 
piernas de una diosa fenicia, bailando la danza del vientre.

Cuando Sima Benasayag salió al amanecer de la 
habitación de Alonso, no sólo llevaba la MicroUCI 
entre sus pechos…sino también una sentencia de muerte: la de Abu Mohamed al Adnani y una bala menos en la recámara de su pistola: la que había acabado con la vida de Alberto Peláez. 

El agente español jugaba con dos barajas, y eso el Mosad no lo perdona...


Sólo Mara y su amigo asistieron al entierro.

 ― Yo te perdono Peláez, nadie es perfecto, 
nadie. Ningún policía de la Comisaría hubiera hecho lo que tú hiciste: poner en peligro tu propia vida para intentar salvar la de un burrito andaluz*. Fuiste muy valiente. Descansa en paz, viejo amigo, nunca te olvidaré ―dijo Mara, mientras echaba un puñado de tierra en la tumba, aún descubierta.


                                  VII


Tizi-n-Tichka               


Algo no iba bien subiendo el puerto de alta montaña 

de Tizi-n-Tichka en el Atlas, donde las curvas se suceden durante más de cien km.


La moto de Agustín pasó por encima de un profundo 

bache y un seco chasquido anunció la rotura del 

rodamiento de su rueda trasera. Todos los intentos 

por arreglarla fueron inútiles. Faltaba la pieza de recambio y allí, en los barrancos donde filmaron parte de la Guerra de las Galaxias, ya no estaban los chatarreros espaciales: los Jawas.


― Sube de paquete Agustín. Encontraremos el repuesto, volveremos y repararemos la avería ―dijo Vicent.


En lo más alto de la montaña, el visor de un 
francotirador localizó las motos, que serpenteaban 
como cucarachas por un queso podrido. 

Tarik dudó. Su alma de traidor eligió el blanco más lento y fácil...

Un meteorito metálico de plomo, invisible a más de 
850 metros por segundo, impactó en el pecho de 
Alonso. Su armadura de cuero azul y negra, no fue 
suficiente coraza para pararlo.

Trici, desbocada, enfiló hacia el pretil, que no aguantó la embestida de sus 250 kilos lanzados a 100 km por hora.


Moto y motorista cayeron en el abismo rocoso, entre fuegos artificiales de arena y piedras rojizas, volando hacia el sol, como halcones peregrinos.


Treinta metros más abajo, Alonso, entre estertores de muerte, vio aproximarse a un Jawa.

Se equivocó... era la ladrona de dulzuras: la Parca.



                                  VIII


Palas Atenea                

― Me pareció un buen tipo: intenso, bien dotado, 
generoso, sensible… Tenía la piel tan suave como la 
de un niño. Me regaló un búho, símbolo de Palas Atenea, diosa de la sabiduría: lo que más amaba en esta vida ―Sima Benasayag hablaba con ojos húmedos…

Agustín y Vicent se acercaron a la bella agente 
sefardita, que lanzó las cenizas y el búho de oro a la Bahía de Cádiz, desde el nuevo puente, esparciéndolas sobre un mar tan en calma, como el río de plata de un Nacimiento de Belén.

―Uno para todos… ―musitó Vicent en voz baja. 

Los dos supervivientes de la aventura africana arrancaron sus motores, dieron tres acelerones y partieron.

Sima Benasayag volvió a la barandilla del puente, sacó de entre sus pechos las dos bujías del motor de Trici, que había mandado recuperar y las besó antes de echarlas al Mar del Sur.

― Me gustó cuando me llamaste diosa fenicia en la cama. Mucho...
Adiós, Alonso Reques de Guilarte. Espérame en la eternidad, motero guapo.




Marcuan: 02/01/2017.


*Plata y oro para Platero. Relato en  marcuan.blogspot.com

**Los tres mosqueteros. Alejandro Dumas.

*** Cuentos de Las Mil y Una Noches.




martes, 6 de diciembre de 2016

MANOS NUEVAS

La oficina de correos estaba desierta. Mientras rellenaba los impresos para certificar el envío, la funcionaria, al enterarse de que era motero escritor, me pidió un relato sobre un hecho real. 

Va por ella, en agradecimiento a su amabilidad. En 50 palabras... exactas, si elimináis título y firma.









¡¡¡ZAAASSS!!!


Los guardarraíles, guadañas de cuneta, segaron sus antebrazos. Un colega paró su moto junto a él, torniqueando los muñones.



― ¡¡¡Hielo!!!

Un enjambre de jinetes del asfalto trajeron un iceberg, enterrando los despojos.

Días de microcirugía; años de rehabilitación.

Ahora acaricia una nueva amiga hecha carne: Encarnación.

Manos nuevas.

MARCUAN. 06/12/2016

miércoles, 2 de noviembre de 2016

INVERTIDOS

Un amigo me pidió hace tiempo un relato... aunque ya no esté, lo prometido es deuda. 







                                                 I


"¡Chupa, chupa pensaba Kipa para sus adentros que no los encontrarás... ja ja ja!"

Siempre le pasaba lo mismo con sus amantes, buscaban la erección de sus pezones cuando le hacían el amor... nunca lo conseguían: los tenía invertidos. Cosas de la genética.

Cuando, siendo una adolescente, abrazó la filosofía hippy, no encajó bien en su pueblo, pero le dio igual. Hizo lo que le vino en gana. Jamás se casó.

Hola guapa, tengo un velero varado en Lisboa tan bonito y fino como tu pelo trigueño ¿Te vienes a Mallorca?

Ummmm... ¿y qué harás por las noches? respondió Kipa con una sonrisa tan blanca como la espuma de mar.

― ¡Fumarnos un pitillo tumbados en la borda en pelotas, pedazo de bombón de cereza de la Vera, ja ja ja!

Javier apareció en su vida de sopetón, alto y delgado, de perfil quijotesco, bronceado de sol atlántico y con un cigarrillo de tabaco negro encendido, de forma perenne, entre sus dedos.

Ambos fumaban, bebían y juraban como sus ancestros, aquellos arrieros que se cruzaron con el Caballero de la Triste Figura en la Vía de la Plata, moliéndolo a palos.

Kipa y Javier , en cambio, viajaron por los caminos de oro que el ocaso del sol dibuja en la Rosa de los Vientos, felices, desnudos y fundidos en cubierta, como el cobre y el estaño que los romanos vinieron a esquilmar  de su tierra, hacía más de dos mil años.

 Hoy tenemos popada, navegaremos lentos, coge el timón, tengo que decirte algo importante musitó Javier.

― ¿Quieres que te encienda un cigarrillo? respondió Kipa besándolo en la oreja.

 Ahora no, gracias, luego quizás. 

Javier miró ensimismado aquel horizonte azul oscuro, que estallaba en mil reflejos de cristal. Lloraba.

― Me han enviado un mensaje por radio, dándome el resultado de los análisis: tengo cáncer de pulmón y tres meses de vida.

Kipa lo acompañó en la habitación 43 del hospital, hasta el final de su agonía.

― Quiero que me jures una cosa dijo Javier con su último hilo de voz.

Juro lo que tú quieras, amor.

Que jamás volverás a fumar...

Cuando Kipa esparcía las cenizas de Javier en el verdoso océano portugués, se mezclaron con las de su humeante cigarrillo de tabaco negro.

                                                  II

A Alonso Reques de Guilarte*, después de la operación por el accidente de moto, le trasladaron a planta y lo ingresaron en la habitación 43, donde conoció a Javier y a Kipa, con los que entabló amistad.

Me gusta cómo escribes Alonso dijo Kipa detecto mucha sensibilidad en ese corazón desesperado.

Más bien perdido Kipa, a la deriva contestó Alonso.

¿Y tu moto cómo ha quedado después de hacer submarinismo junto a la Zona Franca de Cádiz?

Bien, mejor que antes; mi Trici es como el acorazado Potemkin: indestructible contestó riendo Alonso.

¡Anda ya! Capaz de pedírtela para el agente 007 cuando vuelvan a rodar en la playa de la Caleta, ja ja ja.*

Se hicieron muy amigos, el dolor une las almas y afloja las lenguas, tanto, que Alonso lo sabía.

Cuando, pasado un tiempo, Kipa le ofreció sus exuberantes pechos en todo su esplendor, Alonso sacó una bolsa congelada de gelatina azul de debajo de la almohada, y los rozó suavemente.



Brotaron como los pitones de un Miura.

Eres un hombre diferente a todos los que he conocido, Alonso dijo Kipa por eso me gustas, ¿quieres fumar un cigarrillo?

No Kipa, gracias, prefiero besar los cuernos de un toro bravo... como hacen los toreros valientes.

Alonso apretó a fondo el acelerador de su moto, sin brusquedad. 

Trici parecía navegar por la Vía de la Plata como una diosa del Mar del Sur cabalgando en un tritón. En sus labios notaba aún el sabor dulzón y la sedosa tibieza de los pechos de Kipa, como Don Juan Tenorio notó con la novicia Inés.

Cerró con un chasquido seco la visera de su casco, alejándose de Emérita Augusta hacia su nuevo destino, raudo como un delfín.

Había conocido a La chica de los pezones invertidos.

Marco. 1/11/16. Noche de Todos los Santos.

*Ver "Besos de sal"

*Die another day (Muere otro día).

viernes, 24 de abril de 2015

TABULA RASA

Abel Martínez Oliva murió en Barcelona defendiendo a sus alumnos.

50 palabras para un héroe. In Memoriam. Ni una más, ni una menos, hasta que las musas, caprichosas, quieran que vuelva a encadenarlas por cientos. 

Saludos, amigos, de Marcuan.



Abel: Te mató un cainita, literalmente, cuando explicabas: "Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando". 

Ambos estudiamos la teoría empirista de Locke en Magisterio: "nacemos como una tabula rasa, que hay que rellenar con buenos valores humanos". 

Algo no nos cuadra, ¿verdad? Adiós, héroe. 

Descansa en paz hasta la eternidad.

Marcuan50: 24/4/2015.

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